Estreno nueva Categoría: Recetas sanotas para bebés molones :)

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Hola a tod@s!! Como habréis observado, estoy  más que prolífica estas semanas, publicando un post cada semana, algo completamente impropio de mí, pero como ahora puedo delegar tareas en mis sacrificados padres, tengo un poquito más de tiempo (¡¡yuuupiiiii!!) y por eso me hacía mucha ilusión empezar a publicar las recetas que le voy preparando a mi churrumbel. Como ya sabéis, nosotros hemos seguido el método BLW (Baby Led Weaning), y Teo está comiendo trozos desde que comenzó con la alimentación complementaria. En este post os cuento nuestra maravillosa experiencia.

En parte tomé esta decisión porque estuve leyendo largo y tendido sobre los productos procesados que  cada día me dan más repelús: los potitos, las papillas y los cereales especiales para bebés. La otra noche pasaron un programa súper interesante en “El Comidista”que hablaba sobre el azúcar presente y oculto en los alimentos, (pinchad aquí si os apetece ver una selección del programa). Nuestros pediatras nos dicen que nuestros hijos no deben tomar sal o azúcar hasta mínimo el año, sin embargo, muchos recomiendan alegremente el que se empiecen a tomar cereales sin gluten desde los 4 meses (me quedo muerta con esto de verdad, no puedo entender que se pasen las directrices de la OMS y de Asociación Española de Pediatría por el arco del Triunfo). Según todas las páginas que he consultado, el consumo máximo de azúcar que un bebé debería tomar hasta los 3 años oscila entre 15 y 17 gramos al día. Pues si coges cualquier papilla de cereales de las primeras que se dan, sin gluten, la cantidad de azúcar que le están metiendo en el cuerpo ya es mayor que eso, sólo en una toma…incluso a partir de los cuatro meses en muchos casos y sin que haya singuna patología que lo aconseje. Si miráis cualquier publicación médica comprobaréis que mínimo hasta los 6 meses el sistema digestivo de los bebés NO están preparado para otra cosa que no sea leche materna o de fórmula. Luego estamos “cebando” a nuestros niños de mala manera ante el beneplácito de gran parte de la comunidad médica y grandes empresas que supongo todos conocéis y a quienes no pienso hacer publicidad, que me enervo toda. Por eso y después de cabreos varios, al final decidí no darle a Teo por lo pronto al principio, nada que fuera procesado.

Y así ha sido, o al menos eso he intentado durante su primer año de vida. Desde luego, hay que ser consciente de que vivimos en una sociedad donde te meten por los ojos potitos, yogures, postres de todo tipo… vas a las tiendas del barrio con tu niño y te regalan gusanitos, o caramelos…es difícil que tu hijo quede exento de comer esas cosas, pero al menos tú en casa puedes gestionarlo, no darle las cosas al tuntún sin saber lo que realmente está comiendo)

Ahora, después de un año comiendo, debo admitir que Teo ha hecho grandes progresos: él ya coge la cuchara y el tenedor practicamente desde el año, y se apaña perfectamente para beber en vaso solo. Con respecto a la cantidad, sigue yendo por días. En casa se respeta su ritmo de comidas, y hay días que se puede llegar a comer un plato entero como el que yo como (esto ocurre poquísimas veces en honor a la verdad), y la gran mayoría apenas prueba dos trozos y dos cucharadas y luego se pone a jugar y a gorrinear con el resto de la comida poniendolo todo perdido. A veces y sobre todo por presiones familiares me he exasperado pensando que no comía lo suficiente, y al final, hablando con otras madres y leyendo todo lo que ha pasado por mis manos, he llegado a la conclusión de que hay niños que comen mucho y otros que apenas comen (me ha tocado releerme el libro de “Mi niño no me come”, de Carlos González)

A pesar de ello, Teo es un niño muy activo, no para en todo el día, y tiene vitalidad para agotarnos a todos a diario, con lo que me quedo mucho más tranquila aunque esté flaquete…

Lo cierto es que desde que comenzamos con el método, Teo lleva el mismo horario que llevo yo, desayuna, come, merienda y cena cuando yo lo hago y come lo mismo que yo. Esto me ayuda bastante a no tener que gastar dinero innecesario en paquetes de cereales, potitos o procesados que nunca ha probado (miento: un día estando de viaje le pillé un potito, lo probó, me lo escupió y acabé comiendomelo yo…)  y también me ahorra trabajo de cocinar una sola comida. Y lo más importante, me ayuda a cocinar mucho más sano, porque nunca suelo cocinar con sal, pero ahora con más razón, y así, sabiendo que mi hijo va a imitar mi forma de comer, pues intento ser un buen reflejo comiendo menos porquerías y mucho más sano. Y por supuesto la teta, con la que seguimos a demanda.

Y entonces os preguntaréis “Y entonces, ¿qué recetas vas a colgar aquí?” Pues básicamente son recetillas capricho, que te puedan sacar de un apuro y que son alternativas muy saludables para desayunos, comidas o meriendas. A mí hay algunas que me gustan tanto que ya las he adoptado en mi dieta habitual. Y todas ellas sin derivados de productos animales, como huevo o leche (que como son alérgenos y en general se empiezan a introducir al año, puedes utilizar estos platos incluso para darle a tu bebé desde los 6 meses). Y por supuesto, sin complicarnos mucho la vida, que tampoco estamos para muchos líos ¿verdad?

Espero que os gusten 🙂

¡Abrazos!

 

 

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